Los libros encuadernados presentan uno de los retos más habituales de la digitalización: la información se aproxima al lomo mientras la página se curva y se aleja del plano ideal de captura. El resultado puede ser texto comprimido, sombras profundas, líneas deformadas y márgenes perdidos. La tecnología puede ayudar a recuperar legibilidad, pero no debe convertirse en una excusa para aceptar una captura deficiente. En Legata, Legata Core utiliza modelos de inteligencia artificial para corregir determinadas deformaciones; aun así, la mejor práctica sigue siendo prevenirlas desde la propia estación de trabajo.
La curvatura altera la geometría natural de la página. Las letras pueden estirarse o comprimirse, las líneas dejan de ser rectas y la zona más próxima al encuadernado suele recibir menos luz. Cuando un libro no puede abrirse completamente, el desafío aumenta: intentar aplanarlo puede dañar su estructura, mientras que dejarlo demasiado cerrado puede ocultar palabras o incluso párrafos completos. Por ello, cada volumen debe evaluarse antes de iniciar la captura. El estado del lomo, el tipo de papel, el ángulo de apertura seguro y el valor histórico del contenido son factores que determinan la técnica más adecuada.
Estas deformaciones no solo afectan la apariencia de la imagen. También reducen la precisión del reconocimiento óptico de caracteres (OCR), especialmente en nombres propios, números, anotaciones marginales y documentos organizados en columnas. Del mismo modo, dificultan la validación humana, ya que una letra deformada puede interpretarse como otra o una nota cercana al lomo puede pasar completamente desapercibida. En archivos históricos, donde una única palabra puede tener importancia genealógica, jurídica o académica, el margen de error debe ser mínimo. La calidad geométrica deja de ser un aspecto estético para convertirse en una condición indispensable de acceso a la información.
Por esta razón, la primera respuesta siempre debe ser física y operativa. El libro necesita un soporte que respete su ángulo natural de apertura, las páginas deben descansar sin tensión y la cámara debe situarse de manera que cubra toda el área de interés con suficiente profundidad de campo. Los operadores también deben contar con la autorización necesaria para no forzar una encuadernación, incluso cuando ello implique disminuir el ritmo de producción. Registrar desde el inicio los libros que requieren un tratamiento especial facilita la planificación de recursos y evita que materiales delicados sean tratados como si formaran parte de un lote ordinario.
Los soportes en V representan una de las soluciones más eficaces porque distribuyen el peso del volumen y reducen el esfuerzo sobre el lomo. En algunos casos, un cristal de presión especialmente diseñado permite disminuir la curvatura sin comprometer la integridad del documento; en otros, su utilización resulta desaconsejable debido al estado del papel o de la encuadernación. Del mismo modo, la posición de la cámara y la distancia de trabajo deben definirse mediante pruebas reales y no por simple costumbre. Una configuración adecuada para un libro moderno puede resultar completamente inapropiada para un registro parroquial del siglo XIX o un volumen cosido artesanalmente.
El papel de la inteligencia artificial
Cuando la prevención ya no puede eliminar completamente la deformación, las herramientas de inteligencia artificial ofrecen un apoyo muy valioso. Legata Core incorpora modelos capaces de identificar y corregir determinadas curvaturas de página, recuperando una lectura más natural, enderezando líneas y facilitando procesos posteriores como la búsqueda, la indexación y el OCR. Su utilidad es especialmente evidente en aquellos libros cuya apertura no puede ampliarse sin poner en riesgo la conservación del volumen.
Sin embargo, conviene recordar que la inteligencia artificial solo puede trabajar con la información que realmente fue capturada. Ningún algoritmo puede reconstruir con total certeza caracteres que nunca fueron visibles, textos ocultos por sombras profundas o detalles perdidos debido a una exposición incorrecta. La tecnología amplía las posibilidades de recuperación, pero no reemplaza una captura técnicamente correcta.
Además, confiar ciegamente en la corrección digital puede introducir nuevos riesgos. Toda transformación debe revisarse cuidadosamente para confirmar que no alteró manuscritos, sellos, numeraciones o anotaciones originales. Una corrección excesiva incluso puede alejar la imagen de su condición documental. Por ello, el flujo de trabajo debe conservar siempre el archivo maestro de captura, aplicar únicamente correcciones controladas y mantener una trazabilidad completa de cada proceso realizado. La inteligencia artificial es una herramienta de apoyo; el criterio de preservación y la calidad inicial continúan siendo responsabilidades humanas.
Calidad desde el origen
En la práctica, la decisión técnica suele responder a preguntas muy sencillas: ¿la apertura del libro es segura?, ¿el texto junto al lomo puede leerse con claridad?, ¿existen sombras o reflejos que oculten información?, ¿la imagen permite interpretar cada línea sin ambigüedad? Si alguna de estas respuestas es negativa, lo correcto es ajustar primero la captura y solo después valorar la aplicación de una corrección asistida. Este orden protege al documento, reduce reprocesos y deja evidencia clara de las decisiones tomadas durante la digitalización.
El objetivo de un proyecto documental nunca debe ser producir imágenes que aparenten ser perfectamente planas a cualquier costo. La verdadera meta consiste en representar cada documento con fidelidad, conservar su valor histórico y hacerlo accesible para las generaciones futuras. La combinación de buenas prácticas de captura con herramientas como Legata Core permite alcanzar ambos objetivos. La inteligencia artificial amplía las posibilidades del proceso, pero la preservación siempre comienza con una decisión mucho más sencilla: colocar, iluminar y capturar cada página con el cuidado que merece su historia.
Una nota desde la producción
La corrección mediante inteligencia artificial solo tiene sentido cuando parte de una captura responsable. Legata Core puede ayudar a tratar deformaciones inevitables en determinados libros, pero sigue siendo el operador quien debe comprobar si el texto próximo al lomo quedó realmente visible, si una sombra impide la lectura o si el volumen necesita cambiar de posición antes de volver a capturar. Esa conversación permanente entre la estación de captura y el procesamiento posterior aporta mucho más valor que cualquier promesa de automatización absoluta. La tecnología ofrece velocidad y consistencia; el cuidado del libro sigue definiendo hasta dónde es posible llegar.

